El pacto de producción de petróleo entre la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y Rusia ha llegado a su fin. El ministro ruso de energía, Alexander Novak, rompió con los pronósticos de los analistas al declarar que Rusia acabaría con los recortes de producción y peticiones de la organización a partir del 1 de abril. Fue así cómo terminó la alianza que, tan solo seis meses antes, el príncipe y ministro de energía saudí, Abdulaziz Bin Salmán, denominó como una unión “hasta que la muerte nos separe”.
La respuesta del gobierno saudí a la salida de Rusia y a la imposibilidad de recomponer la OPEP, que se compone por la organización y otros productores (1), fue rotunda: tomaron (tomó) la decisión de que Saudi Aramco, petrolera nacional de Arabia Saudí, bajaría el precio del barril de crudo medio. Con el inicio de esta guerra de precios se prevén muchas repercusiones que afectarán no solamente a los actores principales, sino que también tendrán efectos en otras economías indirectamente relacionadas como la del petroestado venezolano, aliado histórico de Rusia.
Algunos analistas defienden que la decisión rusa busca castigar el mercado estadounidense a toda costa, en una intentona por evitar que el país norteamericano sea energéticamente autónomo a partir del 2025. Sergei Guriev, profesor de economía en (el) Instituto de Estudios Políticos de París y economista en el Banco Europeo para la Reconstrucción y Desarrollo, defiende que descartar el acuerdo con la OPEP “no beneficia a Rusia en ningún sentido”, y que es poco probable que este movimiento debilite la competencia petrolera estadounidense. “Algunos miembros del gobierno ruso se darían un tiro en el pie gustosamente si se les garantizase que se lo pueden dar a los estadounidenses también”, asegura el profesor.
Esta ruptura ha empeorado la situación de la industria petrolera, que ya se estaba enfrentando a una caída en la demanda debido al exceso de petróleo en circulación, a la expansión mundial del Covid-19 y al pánico que ha suscitado en los mercados. Tanto es así que la Agencia Internacional de la Energía (IEA) ha anunciado que las economías exportadoras de gas y petróleo pueden llegar a sufrir en 2020 una caída en sus ingresos de entre el 50% y el 85% si persisten las condiciones actuales del mercado.
Mauricio Cárdenas, doctor y profesor de Política Energética en la Universidad de Columbia, explica que la sobreproducción global se puede corregir de diversas formas. Una es bajar los precios para expulsar del mercado a los productores menos eficientes. Otra alternativa es que un grupo de productores corte la producción voluntariamente, que es lo que Arabia Saudí pretendía con la OPEP. Pero la falta de coordinación en las reuniones se ha traducido en una mayor producción de petróleo, ya que Arabia Saudí ha anunciado que aumentará a 12,3 millones la producción de barriles al día con la intención de liderar la guerra de precios. Con este incremento, la producción global aumentaría en 4 millones de barril al día, ejerciendo una mayor presión a la baja sobre los precios.
Todo esto se une a un panorama en el que Saudi Aramco ha anunciado una pérdida de beneficios del 20% durante el último año. A pesar de ello, sigue siendo una de las empresas más rentables del mundo, con unos ingresos de 82.200 millones de dólares en 2019. El retroceso de la economía mundial en general, y de la industria del petróleo y el mercado de transporte en concreto, frenaría el ambicioso plan Vision 2030, con el que el príncipe Mohammed Bin Salmán planeaba diversificar la economía del país para que dejase de ser tan dependiente del petróleo.
En este panorama incierto, el barril de Brent, de referencia en Europa, se hunde este miércoles casi un 14%, hasta caer por debajo de los 24 dólares por barril (2), su nivel más bajo desde 2003. En lo que va de año (,) el crudo Brent acumula un retroceso del 59%. Por su parte, el precio de referencia para Estados Unidos, el WTI, baja un 12%, hasta los 23,60 dólares, registrando así su menor precio desde junio de 2002.
Esta caída de precios supone un claro dividendo económico y geopolítico para los países consumidores, en la medida en que supone una menor transferencia de rentas hacia los países productores y, en consecuencia, también un debilitamiento de sus capacidades geopolíticas. La caída de precios también afecta a la capacidad de algunos países para mantener la estabilidad política en ausencia de ingresos para mantener cierta legitimidad económica. “Países como Argelia o Nigeria, importantes suministradores de hidrocarburos a España, o proveedores relevantes para Europa, como los países de Asia Central, están ya han experimentado (experimentando) serias dificultades para ajustar sus cuentas públicas sin aumentar el malestar social”, señala Gonzalo Escribano, director del programa de Energía del Real Instituto Elcano. Una situación que parece persistirá con la caída libre del petróleo. (3)
- Esta frase no se entiende: «que se compone por la organización y otros productores».
- La forma habitual de expresar el precio del petróleo es en dólares/barril.
- Está muy bien de contenido.